Podría decirse que fue un sueño.
Estaban ahí, en fila, uno al lado del
otro. Los tarros de vidrio. Uno a uno los fui destapando y llenando. Había
comprado tres kilos de harina, y la fui repartiendo hasta llenar el total.
¡Misión cumplida! Pero… ¿Qué sucede?
Repentinamente, hallo que no puedo
tapar los tarros… ¡Cada uno de ellos tiene el rostro de mis alumnos de la Escuela Bíblica…! El sueño se
está transformando en una pesadilla. Y como la mejor manera de terminar con una
pesadilla es despertarse, así lo hago. Me levanto, preparo una taza de té
caliente… Pero los rostros no me dan paz.
Tarros llenos de harina. La harina es
materia prima de muchos alimentos, pero, en el tarro no sirve para nada. A los tarros no les sirve para nada.
Un pensamiento me atraviesa, más veloz
que un rayo: “Mis alumnos no son tarros para llenar con la Palabra de Dios”. Mis
alumnos son personas. Individualidades complejas, con diferentes realidades y
necesidades. La Palabra
de Dios es el alimento para el
espíritu, pero debe ser preparado cuidadosamente, y, a la manera del mejor
nutricionista, debo saber cómo aplicarla a cada uno de ellos.
Sabemos que el aprendizaje no es la
mera recepción de un conocimiento. El aprendizaje ocurre cuando el alumno toma
conciencia de una conducta que debe modificar, indaga y descubre el camino para
hacerlo, decide hacerlo, y comienza a dar los pasos necesarios para lograrlo.
El aprendizaje se da cuando el alumno es activo participante del proceso. De lo
contrario, solo tendremos delante nuestro cuerpos físicos que por una hora se
sientan callados y nos miran ausentes, mientras las mentes divagan en otras
esferas y el espíritu duerme al ritmo de una canción de cuna llamada “lección”.
En estos tiempos que atravesamos,
tiempos descriptos por Pablo como “los postreros días en que vendrán tiempos
peligrosos” (2 Timoteo 3.1) necesitamos conocer a Dios más íntimamente,
afirmarnos en su Palabra y ser modelos vivientes para las nuevas generaciones.
Cada momento de la clase es una oportunidad única para poner a los niños,
preadolescentes y todo alumno en general, en contacto con desafíos de parte de
Dios. Desafíos a crecer, a poseer, a tomar, pero también a dejar todo aquellos
que estorba en el camino del desarrollo del cristiano.
Ahora bien. Como maestros debemos
tener en claro qué finalidad perseguimos al dar la clase. No se trata solamente
de cumplir con la porción asignada para el día. Se trata de que la Palabra de Dios, alumbrada
por el Espíritu Santo, toque las vidas, llegue con respuestas a interrogantes
vitales y señale claramente el camino a seguir.
Desde ya que esta tarea es imposible
de realizar por el ser humano. Por eso, es bueno recordar que, por la exclusiva
gracia de Dios, es él quien ha elegido hacernos sus colaboradores. (1ª
Corintios 3.9) Él es quien ve las necesidades escondidas, el que puede llegar a
conmover lo más profundo del espíritu y producir respuestas de fe y obediencia.
Nosotros tenemos la responsabilidad de saber cual es la verdad bíblica que
debemos transmitir a los alumnos, y hallar las maneras más efectivas para
hacerlo.
Partiendo del interés real de los
alumnos podemos lograr interesarles en aquello que entendemos deben aprender. Y
para eso, debemos atrevernos a “romper el molde”. Videos, modelados con masas
varias, expresión corporal, dramatizaciones o debates, preguntas y respuestas,
estudios bíblicos interactivos. La
Biblia es el libro para hoy. Y debemos ayudar a nuestros
alumnos a familiarizarse con él, a pensar que es como el “mensaje de texto”
que Dios nos envía, para que nos sirva
aquí y ahora.
A tal fin, es importante que el
maestro esté enterado de la realidad que vive su alumno; de sus luchas,
problemas y alegrías. También es necesario que esté actualizado en cuanto a las
cosas que interesan a sus alumnos, sean canciones de moda, artistas, deportes,
deportistas, películas, videojuegos y programas de televisión, entre otros. Porque
es necesario establecer un nexo, un punto de contacto, desde la realidad que
vive el alumno hasta la verdad bíblica que le vamos a transmitir.
Tengamos presente que lo importante no
es llenarlos de conocimientos bíblicos, sino llevarles a descubrir en la Biblia aquello que Dios le
quiere decir.
Un recurso interesante para trabajar
con preadolescentes, es llevar a la
clase la letra de una canción de moda, que a ellos les guste, (previamente analizada
por el maestro, y sabiendo qué espera lograr con esa clase). Se les pide que tomen
una copia cada dos, o tres alumnos, y que resuman en una oración el mensaje
central. (Puede también pasárseles el videoclip, lo cual permitirá añadir el
análisis de la imagen).
Además se les puede pedir que:
-
Subrayen
la frase que más les impacte.
-
Expliquen
por qué les gusta.
-
Infieran
si el mensaje de la canción está de acuerdo con la palabra de Dios o no.
Seguidamente, se les pueden repartir
citas de versículos bíblicos que den el punto de vista del Señor acerca del
tema de esa canción. Luego de leer los versículos, se comentan las conclusiones
y se buscan maneras de aplicar las conclusiones bíblicas a la vida, según el
objetivo seleccionado por el maestro.
Otra manera reenfocar las clases
bíblicas consiste en dejar que los mismos alumnos propongan los temas que les
interesa tratar. Puede habilitarse un buzón donde el día indicado depositarán
sus sugerencias. De acuerdo a las mismas, el maestro evaluará el mejor modo de
abordarlos. Posiblemente algunos de ellos se puedan incorporar dentro del
programa de clases, por tener alguna relación con la enseñanza de los pasajes
asignados. Tal vez otros ameriten un día especial para desarrollarlos,
pudiéndose aun pensar en un tiempo fuera del ordinario de la Escuela Bíblica.
Tengamos en cuenta que los chicos de hoy están llenos de preguntas y rodeados
de influencias que nada tienen que ver con el proyecto del Señor para sus vidas.
Necesitan ser escuchados y orientados.
Por eso es también importante el uso
inteligente de preguntas que les hagan pensar, reflexionar acerca de las causas
y consecuencias de determinadas acciones. En la Biblia tenemos muchos
personajes que han sido héroes, pero también han tenido experiencias oscuras.
Estas últimas también son válidas a la hora de confrontarnos con aquellas cosas
que Dios quiere tratar en nuestras vidas.
El ejemplo de Sansón, elegido por
Dios, pero decidiendo vivir a su manera, se presta a identificar situaciones
reales en cuanto a la elección de amigos, elección de pareja, en cuanto a tener
en poco a la palabra de Dios… Preguntas tales como: “¿En qué creen que Sansón
se equivocó?”, “¿Qué hubieran hecho ustedes en lugar de él?”, “¿A alguno le ha
pasado esto de dejarse llevar por amigos que no quieren saber nada de Dios?
¿Podrían contarnos qué pasó o cómo se sintieron?”, hacen que el alumno acorte
la distancia con los personajes de la
Biblia y se involucre personalmente.
Los collages como expresión artística,
o murales, o composiciones usando figuras diferentes también ayudan a que el
alumno transfiera su manera de interpretar la realidad, o un evento bíblico o
una conclusión al finalizar el tiempo de clase. Desde luego que la consigna
para el trabajo debe darse claramente, especificando qué es lo que se debe
expresar. Para retomar el tema anterior, si la clase sobre Sansón y Dalila hubiera
tenido como objetivo “Que mis alumnos resistan la presión de los inconversos
para desviarlos de la voluntad de Dios”, podríamos pedirles que hagan un
fotomontaje, usando recortes de revistas, reflejando lo que ellos harían cuando
venga esa tentación.
Esta actividad no es simplemente una
muestra de talento, sino que apunta a llevarles a explorar sus creencias,
convicciones y ayuda a la toma de decisiones.
En este tiempo los niños y jovencitos
están siendo enseñados a tomar sus decisiones propias, aún desde temprana edad.
A elegir lo que quieren y no quieren. El tiempo en que el adulto decía al niño
lo que debía hacer quedó atrás. Y, sin entrar a discutir lo bueno o malo de
este cambio, debemos ser sabios, y aprovecharlo para la gloria de nuestro Dios.
La responsabilidad es grande, y el trabajo, también.
Es en las clases bíblicas que los
niños deben tener la oportunidad de comparar el estilo de vida de este mundo, y
el que Dios ha marcado para sus hijos. Es en las clases bíblicas donde muchos
de ellos tomarán la decisión de seguir la corriente de este mundo o a
Cristo. Debemos ser claros y contundentes:
no se puede servir a dos señores. Nuestra tarea será mostrarles las bendiciones
que tenemos como hijos de Dios, los derechos de los que disfrutamos, la
herencia que esperamos. El poder que nos ha sido dado, la misión que nos ha
sido delegada. Y el camino a seguir, siempre de la mano del Señor Jesucristo,
pues él mismo es el camino, y la verdad y la vida.
Cuanto más real sea esto en nuestras
vidas, mejor lo podremos transmitir en las clases.
Y cuanto más apliquemos las técnicas
de enseñanza como vehículos para llegar al fin determinado, más estaremos
contribuyendo a formar un pueblo que ame y espere a su Señor con absoluta
convicción personal.
H. Mónica Garbarini